Hay un saltamontes gigante en mi balcón
No sé como llegó.
Primero tuvimos miedo, lo ajeno siempre causa miedo.
Luego tuvimos curiosidad.
Me acerqué, lo fotografié, lo grabé.
Y entonces me di cuenta que si me acercaba más, se iría.
Y no quería que se fuera.
Y el miedo se fue.
Lo admiré largo rato, en silencio.
Vi sus alas cribadas, sus patas listas para saltar.
Su abdomen moviéndose con la respiración.
Espera,
Espera,
¿Respiran los saltamontes?