De sus Cuatro Estaciones Porteñas me llamó la atención que solo invierno terminara de forma tímidamente alegre, siendo que los primeros tres terminan con una incertidumbre terrible. Cuando escuché el final de Invierno Porteño te imaginé justamente liberándote de un yugo insufrible, no por su intensidad, si no que porque toda agonía larga es el haberno congregado en un punto ciego del tiempo/espacio. Feliz entonces, aquella tarde incauta que parece mañana mirando la bahía desde un cerro cualquiera, gris en toda la extensión de las inhóspitas causales de cualquier pena espiritual, así, Valparaíso, se abría en cada fragmento de callejón sin salida hacia algo que no habías vuelto a sentir hace mucho. Dicha.
Así veo ahora. Curioso que hubiese llegado hasta acá cruzando caminos impensados hasta hace un tiempo, pero eso no tiene importancia. Así veo que tras cargar con un yugo que de poco doloroso se convierte en un escozor impertinente a los -tus, mis- 21 años, la brisa sobre tu pelo recién alisado no hace menos que adobar el cuadro más hermoso que pudiese secuestrar cualquier pincel porteño: tú, las manos en los bolsillos de la chaqueta, mirando hacia arriba y adelante, ofreciendo amenazante tu sonrisa a los siete cielos del Pacífico.
:)
sábado, junio 19, 2010
Publicado por
Sub.Realista
A Las
1:36 a.m.
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