Desde que empecé a pensar en el feminismo he pasado por varias etapas.
He tenido rabia, he tenido pena, frustración e impotencia.
He sentido alegría, admiración y ese fulgor interno que te pica el cuerpo desde los pies a la cabeza.
Y también he sentido desazón.
En esa estoy últimamente que de repente no me llaman ni las marchas.
Aunque se que si estuviera en una la adrenalina me clamaría el pecho de todas formas.
Pero no estoy, no voy.
De repente la desazón me llena y no entiendo mucho de que va el feminismo últimamente.
No entiendo de que va, más allá de la consigna panfletaria.
Si, la misma consigna que hace un par de años me envalentonaba, la misma consigna que me enardecía.
La misma que hoy me desazona.
No entiendo mucho de que va el feminismo últimamente.
Y se que a las mujeres las siguen matando, las siguen violando, las siguen maltratando.
Se que aún nos pagan menos, nos ignoran, no cuestionan.
Se todo eso, estoy más consciente que nunca de todo eso.
Y aún así, debajo de ese fulgor mi desazón se toma la razón.
No se de que va el feminismo hoy en día.
Yo me tomaré el tiempo que necesite para saber de que va mi feminismo.
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